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Educación y Parentalidad

¿Cómo acabar con los "solo 5 minutos más" de tablet sin rabietas ni conflictos?

Inês Filipa Valente Carvalho Ferreira · Psicomotricidad

9–10 min de lectura · Publicado el 26 de agosto de 2026

¿Cómo acabar con los "solo 5 minutos más" de tablet sin rabietas ni conflictos?

¿Quién nunca ha dicho la frase: — "Francisco, son solo otros 5 minutos de tablet. Después se acabó." — ¡Sí, mamá! Transcurridos 5 minutos… — Francisco, ya han pasado 5 minutos; ¡apaga ya la tablet y ve a hacer los deberes! — Mamá, ¡5 minutos más; estoy a mitad del juego, ¡ahora no puedo parar! — ¡5 minutos más y ninguno más! Transcurridos otros 5 minutos… — ¡Francisco, apaga ya la tablet! ¿Por qué un niño que sabía que tenía que apagarlo parece, de repente, incapaz de aceptar aquello que ya estaba acordado? — Mamá, mamá, mamá, 5 minutos más, ahora viene la parte más importante del juego. — ¡Ya te he dicho que no! Va y le retira la tablet a la fuerza. Francisco se irrita, llora y tarda 1 hora en ir a hacer los deberes… ¿Quién no ha pasado nunca por esta situación tan común en la vida cotidiana? Para muchos padres, conseguir gestionar esta situación sin conflictos es casi como ganar la lotería.

¿Por qué es tan difícil para un niño apagar la tablet?

En este caso, es importante explicar que la dificultad de un niño para parar una actividad lúdica o placentera no es simplemente falta de educación. En este sentido, no se trata solo de apagar una tablet. Hablamos de autorregulación, inhibición y transición entre actividades. Para los niños, apagar un botón puede ser un gesto simple. Parar una actividad deseada no lo es. El cerebro del niño aún se encuentra en desarrollo, así como algunas de las capacidades que dependen de él, entre ellas las funciones ejecutivas. Traducido para niños: son el equipo de gestión del cerebro, un conjunto de capacidades que nos ayudan a controlar nuestro comportamiento para alcanzar un objetivo. En este caso en particular, podemos identificar claramente tres de esas funciones: Control inhibitorio (conseguir frenar un impulso): Francisco quiere continuar el juego, pero sabe que tiene que parar. Memoria de trabajo (mantener información importante en mente mientras hacemos otra cosa): "Mamá dijo que cuando este episodio terminara tenía que apagar." Flexibilidad cognitiva (conseguir cambiar de una actividad, regla o enfoque a otra): "Estaba jugando, ahora tengo que parar e ir a hacer los deberes." Aunque estas capacidades comienzan a desarrollarse bastante pronto, presentan una evolución prolongada a lo largo de la infancia y la adolescencia. Esto significa que un niño aún no tiene la misma capacidad que un adulto para controlar impulsos, mantener información relevante en mente, adaptarse rápidamente a un cambio o encontrar alternativas ante un problema. Atención, esto no significa que tengamos que dejar de poner límites o evitar estos comportamientos solo porque, para el niño, aún es difícil regularlos. La respuesta está en cómo aplicar estos límites de forma comprensible y adaptada al lenguaje del niño, qué errores evitar y cómo gestionar situaciones de crisis, porque, a veces, incluso utilizando todas estas estrategias, las situaciones pueden no salir como planeamos.

¿Qué estamos pidiendo realmente cuando decimos "apaga la tablet"?

Podemos entonces comprender que, cuando decimos "se acabó el tiempo. Apaga la tablet", estamos, en realidad, diciendo: Para – inhibe la voluntad de continuar. Recuerda – recupera la regla previamente acordada. Cambia – abandona el enfoque actual y pasa a otra actividad. Acepta – tolera la frustración de terminar algo placentero. Comienza – involúcrate ahora en una nueva tarea. Podemos hacer varias analogías a lo que siente un niño cuando le damos una orden de este tipo. Sería como, para nosotros adultos, estar a mitad de un partido de fútbol de nuestro club favorito, siendo el resultado bastante decisivo, y que nos dijeran que ahora teníamos que apagar el televisor e ir a limpiar el polvo de nuestra casa o pasar la plancha. O, mejor aún, estar sentados en nuestro restaurante favorito, pedir nuestra comida favorita, dar un bocado y que nos quitaran el plato a continuación. Y vernos obligados a comer otra comida totalmente diferente de la que habíamos comenzado a comer… ¿No son situaciones que pondrían a prueba nuestra capacidad de tolerar la frustración e inhibir los impulsos que se nos generan en el cuerpo/pensamiento?

Errores frecuentes al establecer límites con la tablet

En este sentido, es importante hablar de los "errores" que más observo en consulta y que se repiten de familia en familia, a la hora de poner estos límites educativos. El primero consiste en no estipular el tiempo de uso de los dispositivos electrónicos y avisar solo cuando ya es hora de apagar, es decir, poner el límite solo cuando queremos que el niño pare. Otro es preguntar: "¿Está bien? ¿Apagamos la tablet, está bien?" Obviamente que el niño, sea quien sea, probablemente va a decir NOOOO. Y nosotros, como adultos, vamos a continuar imponiendo aquello que aparentemente habíamos preguntado. Si el límite no es negociable, es preferible comunicarlo claramente: "Es hora de apagar." También es frecuente ceder a la regla de los "solo 5 minutos más". Al negociar los límites previamente impuestos, podemos estar transmitiendo que protestar prolonga el acceso. Es decir, aumentamos la probabilidad de que, en una próxima situación, el niño vuelva a protestar en el intento de conseguir 5 minutos más. Y lo más común: amenazar con consecuencias demasiado grandes o difícilmente cumplibles, como: "Si no apagasahora, nunca más tienes tablet." El "nunca más" es de verdad nunca más, y sabemos perfectamente que, en este mundo y en otro, eso no es verdad. ¡Muchas veces, al día siguiente, el niño está utilizando de nuevo el aparato electrónico! Existen muchos otros: tratar de eliminar cualquier frustración con otras recompensas; retirar físicamente el dispositivo de forma brusca; dar una orden sin preparar lo que viene después; usar el tablet para resolver el conflicto provocado por la propio tablet; aplicar reglas diferentes según el cansancio o la disponibilidad del adulto; dar demasiadas explicaciones cuando el niño ya está muy frustrado…

Estrategias para terminar el tiempo de tablet con menos conflictos

Comprendiendo todo esto, existen estrategias a la hora de gestionar estas situaciones que hoy en día son imprescindibles. Las tecnologías pueden aportar beneficios cuando se utilizan con equilibrio, peso y medida, y tenemos que aprender a incluirlas con asertividad y responsabilidad. Las estrategias que suelo sugerir en consulta procuran apoyarse en el conocimiento disponible sobre desarrollo infantil, autorregulación y establecimiento de límites. Primero, como padres, utilizar nuestro propio comportamiento como ejemplo; no vale decirle a mi hijo que deje el tablet e vaya a jugar con un libro si yo, en mis ratos libres, estoy enganchado al teléfono. Segundo, acordar un tiempo definido con el niño previamente al inicio de la actividad y combinar también con qué antelación se dará el aviso de cesación, por ejemplo, cinco o diez minutos antes, para que pueda ir preparando en su mente la transición. Evitar frases excesivamente autoritarias y privilegiar frases declarativas: "Faltan 5 minutos para terminar." Cuando las cosas ya se descontrolan, validar la emoción que el niño está sintiendo, manteniendo el límite: "Sé que querías continuar. Estás frustrado. Se acabó el tiempo." Evitar grandes explicaciones y utilizar frases cortas y consistentes.

¿Y si es necesario establecer una consecuencia?

Si existe necesidad de establecer una consecuencia, esta deberá ser, siempre que sea posible, lógica, proporcional y relacionada con el comportamiento. Por ejemplo: "Mañana tendrás 5 minutos menos de tiempo de tablet, porque no conseguiste apagar solo cuando te avisé." Si la consecuencia fuera: "No irás a la fiesta de cumpleaños de tu mejor amigo", lo que podría llevar a sentimientos de rabia y frustración intensificados. El niño no obtendría una oportunidad de conseguir gestionar su frustración y aumentar su tolerancia en el caso en cuestión; pensaría "perdido por un lado, perdido por el otro". Naturalmente, existen muchas otras estrategias.

¿Y si es necesario establecer una consecuencia?

Si existe necesidad de establecer una consecuencia, esta deberá ser, siempre que sea posible, lógica, proporcional y relacionada con el comportamiento. Por ejemplo: "Mañana tendrás 5 minutos menos de tiempo de tablet, porque no conseguiste apagar solo cuando te avisé." Si la consecuencia fuera: "No irás a la fiesta de cumpleaños de tu mejor amigo", lo que podría llevar a sentimientos de rabia y frustración intensificados. El niño no obtendría una oportunidad de conseguir gestionar su frustración y aumentar su tolerancia en el caso en cuestión; pensaría "perdido por un lado, perdido por el otro". Naturalmente, existen muchas otras estrategias.

En resumen

Lo más importante de este artículo es comprender que el cerebro de un niño no es igual al de un adulto. Es necesario ser nosotros el ejemplo de la regulación que queremos promover. Un buen límite no hace desaparecer la frustración; le da al niño una estructura segura para aprender, progresivamente, a lidiar con ella. Nuestro papel es guiarle en ese proceso y estar presente.

Contenido divulgativo elaborado por Inês Filipa Valente Carvalho Ferreira. No sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante síntomas o dudas concretas, consulta con tu médico o profesional de referencia.